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Los turistas y el mito de la duda

Con un mapa de la ciudad (objeto casi prehistórico desde el advenimiento del GPS) la pareja intenta descorrer el velo del laberinto para llegar al sitio deseado.

No se bajan del auto. El mapa está extendido entre ambos. El hombre se ha puesto los lentes para escrutar los enigmas cartográficos de la ciudad elegida por el fin de semana. Aparentemente hay una desconexión entre la tradición oral y la información oficial. Creo advertirlo cuando el tipo baja el vidrio de la ventanilla y me pregunta si está bien orientado para ir La Cascada. "Porque en el mapa no me aparece", dice. Como cualquier vecino no miro el mapa. Tengo la ciudad en la cabeza, no solo su presente. También la ciudad que dejamos atrás, la que no existe más. Un vago recuerdo me asola: tal vez (y sólo tal vez) el turista tenga razón, pues según oí hace años La Cascada había sido retirada de la información turística oficial debido a la defraudación que la mayoría de las veces imponía ante el visitante. Era una cascada sin agua.

Le indico cómo llegar pero le advierto que a La Cascada, como a tantos otros lugares, hay que ir precavidos de sus mitologías.

-¿Qué mitologías? -dice la mujer.

-El mito de la duda -respondo.

El tipo frunce el ceño. Empieza a pensar, supongo, que le hizo la pregunta a la persona equivocada.

-Por ejemplo esta calle donde estamos ahora. 9 de Julio se llama. También aquí se aloja el mito de la duda. A veces es calle, a veces es peatonal. Bipolaridad grave. Y la duda siempre está presente.

-Cierto. Anoche la caminamos -acuerda el tipo mirando a su mujer.

-Esa escalera mecánica que puede ver adentro de la galería. A veces anda, a veces no anda. Cada 30 años da una señal de vida y después se vuelve a morir. Para los más jóvenes es un mito trucho: juran que nunca funcionó.

Ahora los turistas se permiten una sonrisa. Bajan la guardia. El vecino consultado que tienen enfrente no los está cargando.

-¿Algún otro mito dudoso?

-Diquelito, el monstruo del Lago, en réplica del Lago Ness. A veces aparece, a veces no aparece.

-¿Y de qué depende?

-De las ganas, como todo en esta vida, mi estimado.

-Bueno, le agradecemos los consejos. Por las dudas -dice el tipo ahora divertido-, ¿qué le dice su intuición? ¿Habrá o no habrá agua ahora en La Cascada?

-Es muy probable que ni una gota, mi amigo. Pero igual vale la pena el paseo. De paso conocen Don Bosco, el exacto lugar donde hace como cincuenta años un tal Jorge Bergoglio encontró su vocación que lo llevaría en línea recta a Sumo Pontífice. Está ahí nomás, a los pies del Cristo de la Sierras.

-¿Eso también es un mito?

-La realidad necesita ficciones. Pero esa historia la contamos con mi amigo Pepo Sanzano en un espectáculo. Si vuelven el fin de semana que viene vayan al Teatro de la Confraternidad. Ahí van a conocer la ciudad entre mitos y carcajadas.

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