UN INDIO VOLVER
-¿En serio fue acá? -me dice el pibe.
No tiene más de veinte años y estudia Historia. No sé dónde tropezó con el relato que ahora ha venido a buscar. Entró al bar, buscó la mesa del fondo y yo no tuve ni siquiera que moverme para indicarle el sitio exacto.
-Acá mismo, donde está ese mueble -le digo.
El pibe, muy educado, pide permiso para sentarse. Le cuento que la historia ocurrió en 1866 y con un testigo en el lugar. Es decir que no viene de oídas. Alguien vio lo que pasó y además de verlo lo escribió. El pibe me pregunta quién era.
-Un joven que trabajaba en este lugar, cuando la esquina era almacén, tienda y corralón de materiales. Se llamaba Manuel Suárez Martínez y escribió un testimonio con un título grandilocuente: Manuel Suárez Martínez, Paladín del Orden y gestor del progreso del partido de Lobería. Apuntes biográficos de 1845-1880.
Le cuento el episodio en versión sinopsis. En 1866 al almacén iban los vecinos pero también los indios de la región y de más lejos también. Un día llegó Calfucurá trayendo un mocetón chileno, un cacique que, entre medroso y taimado, empezó a observar la variedad de artículos expuestos.
-Entonces fue hasta el fondo...
-Claro, caminó desde la puerta hasta el fondo, hasta donde estamos nosotros ahora. Y de golpe se topó con un espejo de gran tamaño. Eso lo volvió loco. Cito a Suárez Martínez: "En un momento dado, al darse vuelta, se encontró frente a frente de un gran espejo que teníamos en la tienda. Al notar la actitud de ese 'desconocido' que lo miraba azorado, que imitaba sus propios movimientos, que reproducía sus visajes, su creciente sorpresa, su indignación y el furor salvaje y provocativo con que él lo miraba; de un ímpetu de feroz acometida, levantó el poncho para lanzarse al ataque, empuñando el facón o las boleadoras; cuando un grito de Calfucurá lo contuvo y acercándose éste le habló en lengua araucana, explicándole la presencia de ese sujeto. Como vio que 'el otro' también cambiaba de actitud, se aplacaba y desaparecía al apartarlo Calfucurá de aquel lugar, acabó por calmarse, no sin dirigir antes una mirada llena de salvaje fiereza a cuantos habían estallado en carcajadas, ante la grotesca incidencia con el espejo".
-¿Qué hicieron los clientes del almacén?
-Se le rieron a las carcajadas. Años después de la risa llegó Roca con el fusil Remington y ya sabemos cómo terminó la historia.
El pibe me pregunta si le presto el libro en cuestión. Le digo que se lo presto. Han pasado 159 años del día que un cacique chileno se le fue al humo a un espejo en las entrañas de lo que sesenta y seis años después sería el Bar Ideal.
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