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Descanso de personal

Según se cree la palabra vacaciones viene del latín, con dos formas de entenderla. Una: vacatio, -onis, que significa "estar libre de obligaciones" Y esta otra: "Descanso", derivada del verbo vacare y acá lo mejor de su sentido: "estar vacío, desocupado".

La primera acepción es un sofisma: ¿quién -aun en vacaciones- está libre de alguna obligación? Una obligación, cualquiera sea, no está ligada únicamente a lo laboral, es decir al sustento con que nos ganamos la vida. Siempre hay algo, y mucho más en estos tiempos, que debemos hacer con el rigor de lo obligado, por ejemplo ir al dentista.

Por eso me gusta más el sentido del descanso, pues además resulta más verdadero. La prueba fatal de la vacación imposible, el oxímoron perfecto: miles de porteños que vacacionan en Mar del Plata para no cambiar nada: la misma locura pero en miniatura.

El descanso es otra cosa. Es eso que hacemos en medio de un viaje: detener la marcha temporariamente. Es frenar, tirarse a la banquina, gesto que, como todo el mundo sabe e interpreta, significa dejar que los otros pasen, dejar que todo nos pase, elegir la no-acción.

Pero la segunda acepción de la palabra descanso es la que mejor define lo que para este escriba significa un receso: no tanto estar vacío, ni mucho menos desocupado. La palabra sería: vaciarse. Eso, dar comienzo a una purga.

Primero la cabeza. Vaciarla como un balde. Es un reseteo parecido a la limpieza del disco duro de la PC. Vaciarla significa mandar todo lo que haya que mandar a la papelera, y el resto, si algo queremos resguardar, enviarlo a un disco portátil. Pero el vacío tiene que ser completo. Se llama dejar la mente en blanco, operación que debería concluir con el ritmo cerebral (si cabe la desmesura) casi como un electroencefalograma plano. El mar ayuda para eso: es un relajante hipnótico, tal vez el más poderoso de la naturaleza. Eso sí, elegir una playa lejana y con muy poca gente.

Pero si no se puede mar hay pileta, y si no se puede pileta hay pelopincho, o lo que salga, lo más simple: unos mates debajo de un árbol y el reloj adentro de la mesa de luz. Y el celular lo más lejos que se pueda. Silenciado hasta la vuelta.

Todo esto para decir que este sitio web, que ha hecho de la disciplina para escribir su razón de vida, se toma un descanso. Diez días, para ser más exactos. Se llama, en la jerga de los carteles, descanso de personal. Un viaje que a veces es un viaje y otras veces se hace sin moverse de donde estamos.

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