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Historias desde el Bar Ideal: Dubai

El Tucu es así, previsible, lineal, básico, pero muy de vez en cuanto una neurona conecta sinápticamente con otra y provoca esto: que medio mundo en el bar de vuelta la cabeza y se lo quede mirando.

Eso pasó ayer. El Tucu estaba con Roque y por las pantallas de la tele aparecía lo que vemos todos a cada minuto: los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán y la respuesta de Irán revoleando misiles para todos lados.

Uno de esos lados a donde llegaron los misiles, se sabe, es a Dubai. La mayoría, con perdón por nuestra ignorancia, no tenemos mucha idea de Dubai, por no decir ninguna. Alcanzamos ver confusamente el lugar que ocupa en el mapa, confusamente y con suerte. Está, suponemos, más o menos cerca de Qatar -al que ahora lo tenemos mucho más visible luego del Mundial de fútbol que allí ganamos- pero en términos generales escuchamos la palabra Dubai y vemos algo así como un jeque árabe nadando en oro, vemos dólares, vemos altos edificios, vemos cosas completamente inalcanzables.

Eso. Dubai es lo inalcanzable. Además no hay que preguntar en una agencia de turismo lo que sale el viaje, porque ya de por sí la distancia -digamos, el otro mundo- haría ridículo el interrogante. Entonces, Dubai está lejos y es caro. Está, más o menos, en Asia. Es, ya con mucha ayuda googleana uno de los siete emiratos árabes. Se ubica en la Costa del Golfo Pérsico y se ha hecho famoso por tener el edificio más alto del mundo. Sus turistas se dedican al lujo y las compras. Es un emirato ABC1. No cualquiera llega.

Y se encuentra -dato no menor en estos días- a 200 kilómetros de Irán.

El otro dato es que el 28 de febrero Irán lanzó misiles y drones a Dubai, en represalia por el asesinato de su máximo líder, Ali Jamene. El aeropuerto sufrió daños severos y todos los vuelos fueron cancelados hasta nuevo aviso.

Entonces ayer el Tucu lo miró a Roque y esperó -o coincidió- a que se hiciera un silencio de la tele y de las conversaciones de los parroquianos del bar, para lanzar al aire su propio misil con ojiva pueblerina.

-Che, ¿a qué no sabés quién está varado en Dubai?

Tiene esas cosas el Tucu, cosas de turro, porque es una pregunta que convoca a la atención, al morbo, a la necesidad cada vez más urgente y primaria de saber. Porque si un compueblano tuvo la mala suerte de irse de vacaciones a Dubai y después pasó lo que pasó, enterarse de quién es nuestro desdichado vecino pasa a tener una importancia capital. La potencia del chisme se funda en el no-saber (lo que otro supuestamente sabe).

Roque lo mira. El Tucu le dice que se acerque, baja la voz, y mientras va soltando lo que sabe (o lo que inventa o lo que escuchó de oídas) se percibe el murmullo de disgusto en el salón del bar, el murmullo reprobatorio de los parroquianos que quieren saben y no saben, y empiezan a revolear nombres como margaritas, esas cosas de pueblo chico que todavía insisten en seguir vivas.

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