Historias desde el Bar El Ideal VOLVER
De golpe todos los parroquianos del bar quedaron fascinados frente a las pantallas de la tele, en el atardecer, a la hora exacta en que el Artemis II se lanzó hacia el cielo. Entonces sucedió lo previsible: en medio de cierta emoción de la concurrencia, la voz cavernosa del Tucu también salió eyectada de su boca a toda la atmósfera del bar.
-Ahora, digo yo -dijo el Tucu-. ¿Para qué hacer semejante viaje, llegar hasta la mismísima puerta de la Luna y no entrar?
La pregunta lo sacó a Roque del influjo que le provocaba la visión del cohete ganando altura.
-¿Qué decís?
-Eso. ¿No te parece una boludez ir hasta la Luna, que queda como a dos mil millones de cuadras de la Tierra, y no bajar una vez que llegaste?
Para sorpresa de Roque, un parroquiano de la mesa vecina dijo que él había pensado lo mismo. Ir hasta la Luna y no bajar era una picardía, dijo.
-Por eso mismo -se envalentonó el Tucu-. Eso de que es un día histórico me parece una exageración. Porque lo que se dice histórico-histórico fue la hazaña del Apolo 11 en 1969, querido. Eso fue histórico. ¿Sabés que capacidad tenía la computadora del Apolo 11? -lanzó como si de pronto se hubiera convertido en un CEO de Apple.
Roque volvió la mirada al televisor. Por un rato había sentido un hormigueo en la espalda. Mientras el cohete trepaba como un cometa de fuego se le había venido a la mente el estallido del Challenger. Pero no, trató de quitarse el mal presagio y de disfrutar del momento: 57 años después el hombre volvía a la Luna.
-A la Luna no -pareció adivinarle el pensamiento el Tucu.
-¿Ah no? ¿A dónde va el Artemis? ¿A Júpiter?
-A las cercanías de la Luna. Eso. A pasitos de la Luna. Viajan tres días, llegan, pegan una vuelta al perro en torno a la Luna y se vuelven. Una joda bárbara -dijo el Tucu.
Roque, que hay días que no soporta más la idiosincrasia básica de su amigo, decidió -para ver si la terminaba- seguirle el juego.
-¿Y? ¿Cuál era la capacidad de la computadora del Apolo 11?
-Ehh, esteee... bueno, creo que la de una calculadora, o algo así -vaciló el Tucu.
En el bar todos los ojos seguían abducidos por la fuerza hiptónica del Artemis II en su viaje hacia el cosmos profundo, hacia la Luna de los dioses y de los hombres cuya magia ha merecido sonetos y metáforas, entre las que podemos rescatar la que Borges dejó para la posteridad: "La Luna, espejo del tiempo".
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