Historias desde el Bar El Ideal VOLVER
-No entiendo cómo no entendés.
Esta vez -por primera vez- eso le dice el Tucu a Roque. En la tele, frente a la mesa del bar que ahora ocupan, hay dos tiempos contrapuestos: el pasado de gloria y leyenda y el presente de...
-¿El presente de qué? -dice Roque.
-De un piloto argentino en la Fórmula 1. ¿Sabés cuántos años pasaron desde que no veíamos un Fórmula1 en Argentina? Catorce. Pero lo que vos no entendés, y me extraña mucho, porque siempre me sermoneas sobre los símbolos, las metáforas y todo ese indifrunde dijeguen...
-¿Indi qué?
- ¡Indifrunde dijeguen! -se encoleriza el Tucu-. ¿Qué? ¿No viste televisión vos hace 50 pirulos? Indifrunde dijeguen, latiguillo del programa La Tuerca. Lo decía el gran Vicente Rubino para disimular algo que le daba pudor decir. ¡La Tuerca, viejo! Empezó en canal 13, después pasó al 11, el mejor programa cómico de la Argentina.
-Pero, ¿qué tiene ver con lo que estamos hablando?
-Todo tiene que ver con todo. Porque, ¿con quién me comparás hoy a Rubino? ¿Quién es el Rubino de la actualidad? ¡Nadie! ¡No existe eso!
-Sigo sin entender.
-Que vos, Roque, ahora lo mirás a Colapinto arriba de la Flecha de Plata...
-De la réplica, decí mejor -corrige Roque-. El coche original está en Alemania.
-Eso, la réplica, la alegoría. La mirás y no ves lo que veo yo y lo que están viendo más de 500 mil tipos: no ves el espíritu del gran Juan Manuel Fangio.
-Bueno, es cierto, no lo veo. Porque para empezar Fangio ganó cinco títulos mundiales, fue el más grande de todos y este pibe...
-¡Este pibe es lo que tenemos, querido! Una genuina esperanza argentina, un talento a pulir y encima con carisma, no como el amargo de Reutemann.
-Te diría que al Lole no me lo toques -dice Roque y llama a la moza. Pide otra ronda de café, se estira en la silla, vuelve a clavar la vista en una de las pantallas de la tele y la imagen de Colapinto haciendo trompitos con un Fórmula 1 en Palermo lo vuelve a dejar sin palabras.
-Vos no entendés nada, Roque. Nada, cero. Miralo al pibe, míralo ahora arriba del Mercedes, mirá la Flecha de Plata que Fangio llevó a la gloria. Miralo al pibe haciendo flamear la bandera argentina. Mirá la multitud ovacionándolo. Si tenés un poco de imaginación ahí lo tenés también al espíritu de Fangio. Nadie más contento que el Chueco este día... -dice el Tucu a punto del lagrimón.
Roque la dice por fin que sí, que tiene razón, que el Chueco estaría feliz porque además de manejar como los dioses y ser el mejor de todos, fue un tipo que supo hacer negocios. Millonarios negocios con su apellido-marca. Igualito a los que organizaron el Road Show de Colapinto.
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