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Autos y personajes, el libro que no fue

Dice que la idea le vino de su pasión por los autos y que si estoy interesado podemos ir a medias. Dice que la generosidad -ir a medias compartiendo el mayor valor: la idea- es un gesto que tiene, sobre todo, para que el negocio prospere. Dice que perdone, que al libro le ponga la palabra negocio, pero para él, que hace negocios desde los quince años, eso no tiene ninguna cuestión peyorativa: negocios son negocios.

Dice que se le ocurrió que se podría contar la historia de la ciudad a través de los autos que la transitaron. ¿No es interesante?, dice.

Dice que el libro tendría su gran fortaleza de los años 60 para acá, no sólo porque creció la planta automotriz sino porque a la par de los autos cada vez más sofisticados llegaron los personajes que los manejaron. Dice que hay una ecuación que no falla: auto estrafalario-personaje ídem. Y, por ejemplo, dice, la foto del jeep legendario del Chiquito Maggiori, personaje fascinante si los hubo.

Dice que es un ejemplo pero graficar la idea del libro. Pero hay más, muchos más. Dice, entonces, a modo de enumeración rápida, algunos coches más con sus personajes a bordo. Empieza con el Chevrolet 40 del martillero Terni y termina con el Peugeot 207 CC descapotable del figurón que se pasea por el centro escuchando música clásica a todo volumen.

Dice de otros coches de antaño: el Fairlane de Gentile apodado "La Galera", dice, protagonista del único duelo automovilístico ocurrido hasta la fecha. El de Fiorini, fundador de Iglú, que se lució arriba de un MB 190 4 puertas. El Mercedes 190 de color negro del Loco Aberastegui; el Torino del Coco Givonetti, al Ford 36 de Quintanar.

Dice: ¿captás la idea? El auto siempre es una época; el personaje también. ¿Te va? Vos lo escribís y yo lo financio.

Le digo que gracias pero no. Se le arruga la frente: como a todo hombre de negocios le aflora el gesto típico de la contrariedad cuando su negocio es rechazado. Es una gran idea, insiste. No tanto, le digo. ¿No la ves?, replica. No es que no la vea, hay mucha gente que escribe, podés hacerla con cualquiera, te paso contactos de colegas.

Dice que si el problema es la plata, el porcentaje, dice que todo se charla. Le digo que no es la plata, ni el porcentaje. Le digo que a la idea le falta espesura. ¿Espesura?, dice. Sí, densidad, sustancia, sentido. Por ejemplo, ¿a quién le importa el Chopin farolero del Peugeot descapotable? Se queda pensando. Su respuesta no es floja pero no alcanza: la vanidad, la exhibición, la pretensión de originalidad, dice.

Cierto, pero para todo eso ahora está Instagram, le digo. Y dicho esto se acaba la charla.

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