Historias desde el Bar El Ideal VOLVER
-¿Cuántos mundiales llevamos en el Ideal? -la pregunta del Tucu sorprende a Roque.
Hay gente que define las distintas etapas de su vida a través de los discos, otra gente de los viajes y otra gente de los Mundiales. Uno de estos seguramente es Macaya Márquez, que lleva algo así como 18 mundiales en el lomo. Caso único en el periodismo argentino, y va para el diecinueve.
Roque intenta sacar la cuenta pero por la mitad se confunde, vuelve para atrás y empieza a contar con los dedos.
Ocurre que el Ideal siempre fue el bar de los mundiales. En el 70, Mundial de Brasil, ya había un flor de televisor establecido en mitad del salón, en lo alto, como para que su pantalla pudiera extenderse a toda la clientela. Era un Panoramic blanco y negro comprado en Robisco, como de 200 pulgadas, por decir algo: el más grande del mercado. Faltaba todavía un tiempo para que Palito Caliyuri, en el 78, comprara otro armatoste pero a color. El tele trajo suerte: ese año Argentina ganó el Mundial y en el bar se desató un festejo esplendoroso. La esquina de Rodríguez y Pinto conserva una foto casi en sepia de esa noche inolvidable donde el actor Colorado Julio Lester se paseó con un impermeable sin nada abajo.
Mientras tanto Roque sigue el recuento. Está notablemente impresionado por la cantidad de mundiales que vio, o mejor dicho: porque esa suma de mundiales da por resultado la edad que tiene. Sin embargo, lo que llama la atención, con la cuenta regresiva del Mundial ya resonando en todos los medios, es la falta de "Clima Mundial", por decirlo así.
-Ya va llegar -dice Roque que por fin terminó su arqueo contable mundialista. Entonces pega un grito que mezcla euforia con perplejidad:
-¡Ya vi trece mundiales! -dice.
-No superaste a Mirtha Legrand -lo jode su amigo.
Pero todavía a la mañana le falta lo mejor, eso que los parroquianos del bar comienzan a enterarse por boca de Lucas, el encargado: la compra de una pantalla gigantesca que se colocará sobre el mobiliario del fondo para que hasta el último parroquiano del salón pueda ver los partidos.
-Dame un ejemplo del tamaño -pide el Tucu, que no alcanza a imaginarse por sí mismo la dimensión del aparato.
-Una pantalla del tamaño de la que había en el cine Alfa, ¿te acordás? -exagera un poco el encargado, y todos se ríen.
El Mundial en el Ideal siempre fue otra cosa.
APORTA TU PENSAMIENTO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.