ÚLTIMO MOMENTO
Entonces esto del tenista Novak Djokovic: "Mis hijos no tienen teléfonos móviles y no los tendrán hasta que sean lo suficientemente maduros. Se quejan de que todos en la escuela tienen uno excepto ellos. Cuando todos siguen a la manada, se espera conformidad. Pero no tiene por qué ser así. Ahí es donde diferimos".
Eso le dice Nole, en una entrevista que pesqué en Twitter, al tipo que le hace el reportaje y que evidentemente parece no estar de acuerdo con lo que Nole y su mujer Jelena decidieron para sus hijos, Stefan de 11 años y Tara de ocho. O tal vez el periodista no difiere, tal vez Nole está yendo más al punto, al fondo del tema, cuando se refiere "a la manada", y a lo peor de la manada: el rumbo unánime que toma detrás del que la guía.
Bueno, el guía de la manada social -y en especial de la infancia- es el Mercado. La sociedad adulta, si quisiera, podría con mayor fondo cultural y fortaleza individual, negarse. Nunca es fácil, claro. No encajar siempre tiene costos. El mercado es una suerte de monstruo que parió lo que llamamos capitalismo, y que sabe perfectamente cómo funciona hoy el mundo, conoce al dedillo a la condición humana, y se sostiene en la centralidad de su ideología, en su principal sustancia: el consumo. Entonces la manada consume y ahí va, plenamente domesticada, aferrada a su celular de sublimar angustias.
Nole y Jelena están muy atentos a eso. Y saben que la manada menor, eso que llamamos niñez, tiene menos defensas para la resistencia. Sus hijos, Stefan y Tara, vuelven de la escuela y se quejan: todos tienen un móvil, excepto nosotros, dicen. Pero los padres no aflojan: todavía no están maduros para disponer de ese artefacto siniestro, tal vez el más efectivo en la manipulación de la especie, el artefacto primero y sus varias aplicaciones -como la IA- después. Aplicaciones perfectamente aplicadas en dañar lo más básico de las propiedades cognitivas. De Nole pasamos al escritor Martín Kohan, cuando le preguntaron por el ChatGPT o las nuevas tecnologías: "Yo aprendí a sumar, restar, dividir y multiplicar a mano, con el lápiz y la maestra en el pizarrón. Así aprendí. Después vino la calculadora. Pero si de entrada hubiera tenido la calculara nunca hubiera aprendido las operaciones más básicas de las matemática".
¿Hay algo más simple de entender que esto? No hay que ser un genio para avizorar cómo una inteligencia artificial puede destruir una inteligencia natural, usada extemporáneamente. Nole y Jelena lo saben, y resisten. Y les dicen a sus pequeños hijos que el celular todavía no.
¿Cuál es el camino más fácil? Ceder, como hace una gran parte de los padres y las madres. Ceden, porque ir en sintonía con la manada evita disgustos y contratiempos y discusiones. Pero sobre todo ceden porque ellos también son parte de la manada, de la conformidad general. Entonces, cuando las cosas empiezan a complicarse, el dedo apunta para otro lado: la escuela suele estar en el centro de las críticas.
Pero no. La cuestión central, como ayer, como antes, como siempre, sigue estando en la casa. En nuestras casas. En saber decidir y saber sostener una decisión. En mi generación, que se sepa, nadie de nosotros terminó en el psiquiatra porque nuestros padres en su debido momento supieron decirnos No.
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