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Memorias del Bar Ideal: Indio en La Cascada

-Más gente que el Diego... -dice el Tucu, perplejo, sin poder sacar la vista del televisor.

-Y más que en los funerales de Perón y Evita -calcula Roque.

-¿Más que el velorio de Gardel?

-Y capaz que sí.

-Qué lo parió -el Tucu persiste como en trance. No es precisamente un ricotero pero, como a cualquiera, lo impresiona la desmesura: será -porque aún transcurre- el velorio más multitudinario de todos los tiempos.

De golpe el Tucu rememora las veces que el Indio Solari anduvo por el terruño y se hace una pregunta para él completamente lógica.

-Y por acá, por el bar, ¿paró alguna vez? ¿Se habrá clavado un fernet en una de estas mesas?

Roque le dice que por lo que tiene entendido, no. Y, como es un roquero viejo, le enumera la hoja de ruta del GPS pueblerino que le marca los pasos de Solari en Tandil, a saber dos recitales con los redondos y tres con los fundamentalistas.

Dice que 1989 dio un recital en el Teatro Estrada; lo trajo el Flaco Marcelo Vallejos, almorzó y cenó en el Bar Tito y durmió en el Hotel Kaiku; que no tiene muchos datos del recital bajo la lluvia que los Redondos hicieron en el 97, en el Estadio. Pero arroja otras precisiones en la tercera visita, cuando tocaron en el Hipódromo. Acá aparecen detalles desconocidos. Dice que el Indio se alojó con su banda (también su manager, la Negra Poli) en la Hostería de la Cascada. Que estuvieron de incógnito en total secreto una semana antes del recital. Que la banda se deleitó con los asados del anfitrión, Oscar Scarcella, pero que vaya a saber por qué razón (tal vez una pulsión maternal) el Indio sucumbió a las milaneses con puré que le cocinaba Pocha, esposa de Oscar. Que fueron varias las cenas que Pocha y el Indio comieron a solas, en la hostería, y que un día apareció un indigente frente a la puerta de la cabaña, golpeó y pidió hablar con el Indio. Scarcella le dijo que estaba equivocado, que eso era una casa de familia, pero el tipo insistió de tal modo que no hubo manera de hacerlo entrar en razón. Oscar llamó a la policía y la policía le dijo que con el indigente no podían hacer nada: era un tipo que estaba parado en medio de una calle de tierra sin hacerle nada a nadie. Antes de que cayera la noche, Scarcella le comentó a Solari lo que estaba pasando. "Hacelo pasar", le dijo el Indio. El tipo entró a la hostería y Solari le habló como a uno de los suyos. "Estoy en secreto acá, si hablás nos arruinás a todos. Te firmo una remera, te comés un asado con nosotros y después te vas y nos hacés el gran favor de no decirle nada a nadie". El ricotero indigente se comió el asado, se llevó la remera autografiada y cumplió: nunca nadie, hasta mucho después del recital, se enteró de los días que el Indio y los suyos pasaron en la Hostería de la Cascada.

Cuando el Tucu termina de escuchar a su amigo, dice lo primero que le viene a la cabeza sin sacar los ojos de la televisión.

-Qué bárbaro. En una de esas ese tipo, el indigente, ahora debe estar haciendo la cola en Villa Domínico para despedir a su ídolo. ¿No te parece?

Roque dice que sí, que tal vez, que todo es posible cuando una leyenda se convierte en leyenda muchos años antes de serlo.

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