ÚLTIMO MOMENTO
Junio es el mes de las efemérides potentes por excelencia, algo en lo que me detuve cuando hacía radio y a veces caía en la tentación del protocolo radiofónico: observar algo que había ocurrido en el pasado un día como el que estábamos transcurriendo.
Y junio es así. Es el mes de la argentinidad que cruje. El mes donde muere Borges, hace exactamente cuarenta años, y ocho días después Maradona le hace el Gol del Siglo a los ingleses en el Azteca de México. Muerte y resurrección de la belleza.
Es el mes de los bombardeos a Plaza de Mayo y de los libros que surgen a posteriori de lo que esa tragedia empezó a parir, de la fusiladora a los 70. Por ejemplo, Dos veces junio, de Martín Kohan, y también, hablando de libros, de la publicación del Diario de Ana Frank.
Es el mes que muere Güemes y el mes en que Juan de Garay refunda la ciudad de Buenos Aires. El mes donde mueren Alberti y Belgrano. Es el mes de las tragedias nacionales, el mes donde Gardel se mata en un accidente de aviación y el mes en que el dictador Onganía derroca a Arturo Illia.
Pero no todo es muerte. Hay algo de soplo de vida también en este mes regido por los rigores del invierno. Junio es el mes en que nacieron Sábato, Riquelme y Messi. Es el mes de los mundiales de fútbol, y ahora mismo estamos inmersos en el Gran Anestésico nacional, un espectáculo-negocio donde la patria se vuelve redonda y mientras dure el hechizo la grieta se alivia. No se sana, se alivia. Pero la dosis es fuerte: resulta imposible sustraerse al imán del Mundial.
Y desde el 5 de junio es el mes de la muerte del Indio Solari. Todavía se sigue hablando y escribiendo sobre esa muerte que en sí misma parece ser una efeméride en continuo.
Hay renuncias célebres en junio. Y no renuncias también. Por ejemplo la del arrogante y patético jefe de gabinete del gobierno libertario. Es el mes del inverosímil canuto-pendrive. Es el mes del mito griego devaluado al grotesco. Nuestro Sísifo de pacotilla (la antítesis del que escribió Camus) sube cada día la empinada montaña con un Meme sobre la espalda. Y siempre le pasa lo mismo: a metros de la cima rueda cuesta abajo y tiene que volver a empezar. Es el castigo que le aplican los dioses reencarnados en la burla de las redes sociales y los medios de comunicación.
Si Adorni renuncia o lo despiden en junio (cosa desde ya prácticamente imposible), el hecho más esperado y resistido del mundo será consagrado como una efeméride nacional.
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