Historias desde el Bar El Ideal VOLVER
Un tipo solo mirando el partido en el bar no es costumbre. No digo que no haya pasado, pero es raro, y menos un partido del Mundial y menos que menos jugando Argentina. Pero ahí estaba el tipo, calvo, algo grandote, lentes, y en la mesa sobraba lo que nunca sobra cuando juega la celeste y blanca: dos sillas. Hasta que sobre la hora llegaron dos pibes y le pidieron permiso, y el tipo dijo claro, por supuesto, siéntense, y después la moza le trajo a los pibes una cerveza, y el tipo repitió su cortado en jarro y por fin empezó el partido.
También es raro que un tipo no hable, no comente los sucesos del partido, aunque sea para sí mismo, pero es mucho más raro su silencio si está acompañado, cuestión que se profundiza en el fútbol dado que no se precisa de ningún vínculo para hablar del partido con el que tenés al lado. Eso pasa siempre en la tribuna. Y el bar es una tribuna con mesas. Pero el tipo, el grandote de lentes, seguía mudo, tomándose el cortado y sin cortar clavos. Tal vez la procesión le fuera por dentro, como a muchos, lo cierto es que pasó el primer tiempo y apenas elevó la voz para celebrar el primer gol de Messi, cuando el partido venía cerrado y muy trabado.
Breve digresión: ni siquiera el hombre extraño emitió opinión sobre la llamada "pausa de hidratación", que es anti reglamentaria y anti fútbol, un mero artilugio comercial del Gran Negocio. Ni siquiera en esa pausa, que ofuscó a todos, el tipo se salió de su eje, de su mesura y su silencio.
Hasta que llegó el segundo tiempo y Mariano Closs o Latorre (alguno de los dos) hizo saber del primer cambio en Argentina. Salía Montiel y entraba Molina, lateral por lateral. Entonces el hombre extraño se paró y soltó un grito destemplado.
-¡Vamos Paradiso viejo y peludo nomás! -y completó con el aire que le quedaba en los pulmones un célebre insulto maradoniano: nombró a Ruggeri y le sacudió el famoso LTA.
Nadie (o casi nadie) entendió nada de ese exabrupto extemporáneo frente a un hecho de baja intensidad de cara al festival que nos daría Messi. Sólo una persona, uno de los pibes que a su lado estaba tomando la cerveza.
-¿Vio? Paradiso se la mandó a guardar al Cabezón...
El hombre extraño dijo que sí con la cabeza, sonriendo, con una satisfacción profunda y sólo los que miran más o menos atentamente al elenco estable de ESPN, con Vignolo, Latorre, el Chavo Fucks y el senil Ruggeri en el panel comprendieron lo que estaba pasando. El día anterior al partido, Leo Paradiso, desde la concentración argentina, había dicho que ante Argelia jugarían los dos, Montiel y Molina, uno en cada tiempo. Ruggeri, ese pobre infeliz afectado de gagaísmo, le cayó encima al periodista: no soportó que Paradiso dijera lo que dijo, que quebrara vaya a saber qué código futbolero y además le quiso tirar el panel en contra. "Oscar, por favor... lo veremos mañana", dijo Paradiso, con demasiado respeto, para no romper el clima de trabajo del programa. Tenía razón: los dinosaurios mueren en vivo y en directo.
El hombre extraño celebró el acierto del periodista como si fuera uno de los tres goles de Messi, genio para el cual se han agotado todas las palabras. Y luego no volvió a hablar hasta que terminó el partido, se levantó y se fue.
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