ÚLTIMO MOMENTO
Su vida fue breve. Y de tan breve que fue lo más probable es que no quede ni siquiera un pie de página de -si alguien la escribiera- una historia del comercio del centro viejo frente a las cosas nuevas. Así de imperceptible, de inapresable, de olvidable -porque ya mismo ha caído en el pozo del olvido- el paso de la franquicia Dean & Dennys por esa conservadora y estrechísima geografía conocida desde tiempos pretéritos como la Vuelta al Perro.
Antes solía pasar que por más breve que fuera el devenir de un comercio, algo quedaba de él en la civilización analógica. Un calco, un aviso publicitario en el diario, alguna historia del todo irrelevante, propia del combo entre ajenidad y brevedad de las franquicias que no funcionaron.
No sabemos, para el caso, si algo de Dean & Dennys, un vestigio, una huella, el ticket de una consumición, sobrevivirá a la penuria de la experiencia de trasplante fallido. El testimonio de unos pocos likes en redes. "La nueva generación del fast food", decía el prometedor slogan. O el primer posteo de Instagram: "Tandil, estábamos ansiosos de llegar. Nadie podía esperar a que abras, y ahora es el momento de lucirte". La ironía: lo rápido no fue la comida, sino el tiempo que pasó entre el ser y no ser del emprendimiento.
Hay decenas de franquicias que no funcionaron, desde marcas pomposas y presuntamente invencibles hasta las otras, las que llegaron, remaron un tiempo contra la adversidad y se fueron dejando en la memoria el eco de sus nombres de fantasía que se van disolviendo en el aire. El eco de Musimundo, por ejemplo; el eco de Aragone, por ejemplo; el eco de Café Martínez y Cheverry, por ejemplo. Y hay como veinte más para anotar.
La historia dice que Dean & Dennys es la primera hamburguesería "green" del país. En este lado del mundo fue una grieta de la globalidad, un fallo de un estudio de mercado, la marca de la malaria desoladora que ronda el centro o un tropiezo ante el desconocimiento del territorio.
Hace algunos días levantó campamento. Tal vez algo quede brillando tras el súbito gris de ausencia que pinta el después de un fracaso. El último fulgor de los azulejos verdes de la decoración de la fachada. Azulejos o réplica de algo parecido. Y no mucho más para contar.
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