ÚLTIMO MOMENTO
Si no lo hubieran explicado -en algunos medios, en la IA- es decir, si uno hubiera llegado al ritual por el conector histórico del lugar común de los vikingos, es decir de hombres forzudos, de talla formidable y sobre todo grandes navegantes en sus barcos temibles, tenderíamos a creer que el "viking row" es la celebración de una leyenda que viene de muy lejos, de los más remoto de los ancestros nórdicos.
Pero no. Fue creado hace muy poco, menos de un año, cuestión que refuta la materia de la que necesitaría toda leyenda para convertirse, casi, en verdad: el tiempo. El remo vikingo carece de pasado, aunque su sustancia está hecha de la identidad histórica noruega. Un pueblo remador (por América pasaron antes que Colón y diríamos que es una pena que no se hayan quedado).
Al Viking Row lo inventó un tal Ole Froystad, hincha noruego con buena oreja, porque se apoyó en la potencia fonética de la palabra "Row" -remar-, haciendo de aquella legendaria tradición marítima noruega una suerte de canción de cancha con una sola palabra -que se va reiterando cada vez más velozmente al son del golpe de un tambor- y la simple mímica del acto de remar.
Como tantas otras cuestiones que provoca el fútbol, el ritual se hizo masivo en el Mundial, viralizado a expensas de lo que hoy sería la tradición oral en tiempo presente: la dinámica del universo digital. El mundo de lo instantáneo. La noticia aquí y ahora. Dos segundos después ya se habrá perdido en el cosmos líquido de la red global.
Lo cierto es que el viking row es el festejo con que los noruegos vienen celebrando su deslumbrante participación en el Mundial, ahora dejando afuera a Brasil.
En la Argentina, remar está asociado a la lucha cotidiana, a la supervivencia para llegar a fin de mes, como una suerte de castigo aceptado: hay que remarla, se dice en el habla popular. Casi siempre la figura del remar está ligada a la economía, a cómo pagar las cuentas; pero también suele aludirse a la hora de tratar de hacer andar una relación o enfrentar una enfermedad.
Si la tierra es redonda como una pelota y hoy la pelota -que es una esfera perfecta- está en el aire para nosotros, los argentinos, luego de la zozobra vivida ante Cabo Verde, tenemos de cara al martes frente a Egipto una sola certeza en medio de una llave paradójicamente accesible: habrá que remarla para seguir adelante.
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