ÚLTIMO MOMENTO

La peor pesadilla del señor Saab

La mañana del domingo 19 de julio el señor Saab, al despertar, podría haber intuido, como nuestro querido Franz Kafka, que ese día estaba destinado a convertirse en una cucaracha. Tal vez hubiera elegido la perturbadora experiencia metamorfósica a lo que habría de pasarle exactamente siete horas después, si, como calculamos, el señor Saab abrió los ojos alrededor de las nueve de la mañana.

Saab, cuyo apellido resulta inescindible de sus ancestros árabes, en medio del torbellino feroz en que se convirtió su existencia a partir de las tres y media de la tarde, probablemente haya reparado en lo que significa el poder truculento de una maldición árabe y los efectos devastadores del anatema. Es razonable también que se haya preguntado, ya al borde del colapso, con el corazón desbocado hacia el abismo del infarto, ¿qué hice yo para merecer esto?

Cuando ocurrió el minuto fatal -aproximadamente a las 15,45 horas, Saab estaba confortablemente sentado en el sillón del living de su casa dispuesto a atravesar la peripecia nerviosa propia de cada argentino en vísperas de que su selección dispute la final de la Copa del Mundo. No sabemos si el señor Saab vive en el perímetro de la Zona de la Furia, es decir los distintos barrios de la ciudad donde en ese momento exacto, irrepetible e inesperado se cortó la luz.

Sí sabemos lo que ocurrió al instante: su teléfono celular comenzó a despedir alertas, inquietudes, insultos, ruegos, reclamos en todos los tonos, lenguajes y dialectos. Uno de los tres mil quinientos audios le deseó que ardiera en el infierno junto al presidente boquense Teruggi y otro le recordó a su madre en un arcaico y sonoro arameo. Hasta su hijo, residente en Buenos Aires, lo llamó para ver qué pasaba. En ese momento el señor Saab comprendió que el corte de luz había escalado a un nivel ya inmanejable. Mientras tanto el tiempo corría, las redes hervían como las llamas que proponía desatar un usuario sobre el edificio que el peluquero socialista Juan Nigro soñó allá por 1936. "Si a esta empresa no la volteó Maggiori, no será un corte de luz el que la funda", dijo uno del Directorio, pero es de suponer que el Directorio en pleno se encomendó al Ángel de la Guarda del recordado Mario Cabitto para que los saque del paso.

El señor Saab entró en una crisis de personalidad: la angustia lo llevó a romper su habitual entonación lacónica, el tono que deben tener todos los Gerentes Técnicos de las empresas portadores de energía eléctrica, para desbarrancar en un vómito de insultos dirigidos a la Madre de Todas sus Desgracias: TRANSBA. Técnicamente se había roto un aislador en una barra de 33kv en la planta que está en ruta 236 y Lavalle dejando sin luz a 33.000 vecinos. ¿Iba a salir casa por casa a decirle a cada uno de ellos que la Usina no tenía nada que ver con el corte, que la energía no llegaba porque el maldito TRANSBA había caducado? ¿Quién le creería? ¿Y quién, además, en el estado límite de los nervios de la propia final del Mundial y la angustia de no poder verla por falta de luz iba a discernir, ya fuera de todos los cabales, que la Usina no era la responsable de semejante desquicio?

El señor Saab acudió a su fiel subalterno Stampone, más afectado a remediar estos temas, y rogando a Alá y a todos los dioses habidos y por haber, lograron in extremis conjurar el maleficio, cuando el partido entre Argentina y España acababa de comenzar.

Una vez solucionada la catástrofe no sabemos si el señor Saab pudo ver el cotejo. Con la resaca de su sistema nervioso hecho trizas por el martirio de la peor pesadilla, lo más probable es se haya tomado un Lexotanil, haya mirado al cielo gris que caía a plomo sobre el valle de entre sierras y luego, sin más, se haya recostado en su cama pensando, tal vez, por qué un día estudió lo que estudió y quién lo mandó a trabajar donde trabaja. El resultado del partido, seguramente, ha sido una anécdota para el señor Saab ese domingo ya para siempre irreparable.

Fotografía: gentileza El Eco de Tandil.

APORTA TU PENSAMIENTO

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Últimas noticias