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Atraso y mantra

El shopping llega a la ciudad treinta años más tarde, muy lejos de su época de esplendor. Las grandes superficies empezaron a flaquear cerca de 2007, después les tocó la pandemia y luego el comercio electrónico, que los dejó muy a contramano de la época.

Hay quienes creen que el Paseo del Banco será el faro del nuevo centro del centro viejo (valga la cacofonía). Pero en medio de la malaria económica el shopping tiene otra contra nada menor: ha sido tanta la expectativa creada debido a la eternidad que demandó la obra (debe llevar como diez años en construcción), que será difícil compensar la ansiedad de las masas lugareñas. ¿Con qué nos van a encandilar ahí adentro? Si hay cine -cosa que parece que no- se sugiere al dueño del shopping la importación de los murciélagos del Cine Americano.

La Peña El Atraso sostiene que a escala pueblo-ciudad será difícil empardar la aparición de la escalera mecánica de la Galería de los Puentes que sacudió al pueblo en 1980. Según Ángel Teté Molina, presidente vitalicio de la Peña, ese día a las ocho de la mañana hubo tres cuadras de cola para que los vecinos acariciaran el momento sobrenatural en que las piernas subieran solitas por la escalera.

Y yendo aún más atrás en el tiempo, la logia Los Nostálgicos del Tobogán sostiene que habrá que ver si "el chopin" logra el impacto del Tobogán Gigante del Dique que en la década del 70 concitó la atención de las muchedumbres serranas durante meses. Estadísticas no muy confiables de esta secta alegan que la mitad de la población activa (o sea no jubilados) se arrojó desde lo alto del Tobogán para vivir lo que hoy llamarían "una experiencia inmersiva de trasero paspado".

Mientras tanto los comerciantes del centro tiemblan, como temblaron los almaceneros cuando llegó Norte que enviaba un colectivo por los barrios para llevar gente a su shopping trucho.

Todo esto sería desmentido por mi querido Dipi Paola, quien a inicios del siglo XXI sostenía que "Tandil atrasa", razón por la cual el atraso del shopping estaría en sintonía con la idiosincrasia mental de la ciudad.

La verdad, como siempre, está en el mantra indesmentible que reina en el mundo del comercio: para la novedad Tandil te da seis meses de gracia. Si cumplido el plazo no respondiste a las expectativas, la gente se va para no volver. Son todas meras conjeturas. La única realidad es que el tiempo pasa y el Monumento al Andamio sigue ahí, imperturbable.

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