Historias desde el Bar El Ideal VOLVER

Historias desde el Bar Ideal: Rosalía

Sin Mundial y sin turistas, hay que decir que de alguna manera Roque y el Tucu están a sus anchas. Tienen, por la mañana, todo el mapa del bar en sus cabezas, con los parroquianos de rigor, y sus amigos de siempre, y ese súbito descenso al sosiego de la cotidianeidad parecer hacerlos felices, como si el cosmos entero hubiera recuperado el orden original.

En una de las pantallas una muchacha joven canta arriba de un escenario. La describimos así porque eso es lo que observan los dos amigos, y si no fuera por el texto del zócalo estarían intentando pescar de la ciénaga musical del siglo XXI, en la que se hunde la música (casi toda la música) que detestan, ese nombre: Rosalía.

-¿Quién es esta piba, che? -dice el Tucu.

-No sé, la cantante gallega que se despachó después del Mundial contra la Argentina, pero tenía como veinte shows a reventar.

-¿Y entonces?

-No pasó nada. Parece que los fans no la cancelaron y ella soltó una lagrimita, a modo de disculpa. Y sanseacabó.

Roque no está pensando precisamente en las cóleras banales de este tiempo. Al fin y al cabo, eso le importa un pepino. Está pensando, mientras va por el segundo café, precisamente en el Tiempo. Y más precisamente en el Tiempo Que Pasó y en que si bien hace ingentes esfuerzos, sobre todo con la música, para sustraerse de la apología del pasado, no logra encontrar en el sigo XXI algo que se parezca, mínimamente, aunque sea, a su siglo musical de pertenencia. Y no porque sea irreductible en sus gustos, sino porque el dato lo constituye la misma realidad. Cuestión que deja en claro cuando arroja sobre la mesa un interrogante filosófico.

-Pero, che, de verdad y sin ironía: ¿quién es Rosalía?

Y no lo dice para ningunear a la cantante española. Lo dice, casi, en lo que significa una confesión llana y abierta, no sin cierto pudor, sobre la mesa, los pocillos, el servilletero: que el no tener ni la menor idea acerca de quién es la tal Rosalía que revienta estadios lo deja, pongamos, en el borde del mundo, por no decir completamente afuera del plato.

-Hasta Madona llegué -dice entonces Roque.

Pero lo que no dice -y piensa- es que uno está hecho de las canciones que escuchó desde la adolescencia hasta los treinta años. De esos acordes, de esos recitales, de esa música, de esa mística está hecho el oído de una generación para quien no todo tiempo pasado fue mejor; sencillamente fue único, ese tiempo, el de la juventud.

APORTA TU PENSAMIENTO

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Últimas noticias