ÚLTIMO MOMENTO
Cito este fragmento del escritor Ítalo Calvino en Las ciudades invisibles, el cual nos pone frente a un enigma idiosincrático de nuestro Macondo de entre sierras. "No hay ciudades felices o infelices. Hay las que a lo largo de los años concretan sus deseos o las que los deseos borran la ciudad o son borrados por ella".
Un ejemplo pedestre: deseamos desde siempre una peatonal, la deseamos tanto que probamos unas cuantas veces (en calle Rodríguez, década del 70, a cargo de los "Amigos de la Calle Rodríguez". Se pusieron foquitos de colores y otros atractivos decorativos, pero finalmente la peatonal caducó. Luego se probó, obstinadamente, sobre calle San Martín, entre Rodríguez y 9 de Julio, con dos macetones como señalética de bajada de barrera en ambas esquinas. Duró lo que un suspiro. Ya en los 90 apareció la idea más desopilante, a cargo del intendente Zanatelli: la peatonal techada. Las carcajadas burlonas de medio pueblo borraron en el acto el proyecto.
Y finalmente se probó sobre 9 de Julio, ya en el nuevo siglo, con la Peatonal inscripta dentro de una obra que pomposamente se llamó "Centro Comercial a Cielo Abierto". El proyecto era más amplio, por ejemplo uniformar estéticamente la cartelería, pero nunca se llegó siquiera a planificarlo entre los comerciantes. En cuanto a la Peatonal tomó la categoría de bipolar, porque a veces era calle y a veces peatonal, una dualidad psiquiátrica con actualidad agónica. Cada vez menos se representa la imagen de un par de inspectores cortando la calle para que no pasen los autos mientras tanto la gente sigue circulando por la vereda.
¿Qué fue lo que pasó siguiendo el hilo de Calvino? Que la calle, sin la convicción de que le transformen el uso para la que fue creada, borró el deseo de la ciudad hasta vaciarla de contenido. Nadie la frecuenta.
El shopping va a poner a prueba el pensamiento de Calvino. Si somos entusiastas y decimos que la ciudad deseaba un shopping más o menos desde que Rodríguez levantó el Fuerte, tal deseo a lo largo de los años fue moldeado a nuestra imagen y semejanza. De lo contrario el shopping del Paseo del Banco, que por la demora está a contramano de su época (en el mundo cada vez más se retraen más las grandes superficies, entre otras cosas por el auge del comercio electrónico) se tragará a la ciudad y, como temen algunos, a los comerciantes del centro viejo. O un tercer resultado que excede a Calvino: que una vez inaugurado no cambie absolutamente nada, como si el shopping fuera una nave espacial a la que se visitará por la curosidad de lo que significa.
Todavía falta bastante para saberlo. En estos días se supo que el Paseo del Banco deberá realizar un zanjeo desde Pinto y Rodríguez hasta Belgrano y Santamarina para hacer pasar el tubo cloacal que se llevará las sobras fecales que los organismos vivos allí dentro produzcan. Por lo tanto habrá que seguir esperando.
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