Historias desde el Bar El Ideal VOLVER

Memorias desde el Bar Ideal: Río del silencio

Entonces desde la mesa del bar leo esto que tiene que con otro bar, con otra ciudad, pero con los mismos rituales de los pocos bares que sobreviven a la época.

La noticia es el cierre del bar Río, un bar muy querido por sus parroquianos, ubicado en la triple frontera de Almagro-Caballito-Villa Crespo, y que me había llamado mucho la atención, hace un tiempito, por su atmósfera: sin radio, sin tele, sin ruidos (no sé si tiene Wi Fi), especie de bar del silencio, situado, como debe ser, en una esquina, y con decenas de parroquianos devotos que en estas horas están sumidos en el limbo de la tristeza, practicando en redes el réquiem virtual al bar Río.

Esto escribió en Twitter (hoy X) para el medio Eldiario.com.ar la periodista Agustina Larrea:

"En los últimos tiempos nos despedimos de muchas cosas y de muchas personas, dijimos por acá. Algunos en silencio, otros de manera más chillona como en el cuento de Alejandra Kamiya. En las últimas horas, en las redes se armó algo así como un réquiem público para un bar, de esos clásicos porteños que se extinguen -¿se van yendo?- en una ciudad cada vez más evanescente. Un lugar que bajará su cortina a fin de mes (al menos tal como lo conocimos).

"Se llama Río, queda en una esquina preciosa y difusa entre Caballito, Almagro y Villa Crespo, tiene el cartel de neón con el mejor logo de Buenos Aires. Es el bar al que voy todas las semanas a leer, en el que me reúno por trabajo, en el que suelo encontrarme con gente que quiero y en el que me siento a tomar apuntes (nunca pude escribir en lugares públicos más que eso y lo agradezco: notas al pasar, listas, palabras dispersas). En esa despedida pública se sucedieron los recuerdos, los relatos desgarradores y cómicos, las chicanas, las grandilocuencias. Como si no hubiera un término medio en el adiós ni etiqueta posible -del cinismo de burlarse de la emoción ajena a la nostalgia por la nostalgia misma: dos caras de la misma hipérbole- la despedida se convirtió en algo así como "elige tu propia intensidad". Por mi parte preferí pensar en qué despedimos cuando nos despedimos de un espacio así, a qué le decimos adiós, cómo, en qué términos. Entonces fui a Río y empecé a garabatear una lista provisoria que es y no es, al mismo tiempo, una despedida: esas y esos que fuimos ahí, las confesiones que hicimos, los encuentros que tuvimos, las lágrimas que soltamos, las escenas insólitas que presenciamos, el amparo de las mesas que elegimos, las risas que estallaron, las palabras que se escaparon".

Como siempre, o como casi siempre, lo que se va, lo que se pierde, lo que se despide, es lo mejor. Nunca estaremos del todo habituados a esta agria forma con que se nos presentan los adioses.

APORTA TU PENSAMIENTO

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Últimas noticias