ÚLTIMO MOMENTO
Una mujer policía golpea la puerta y espera. Las cortinas de la ventana del lugar donde escribo están abiertas. Miro hacia afuera: está la mujer, joven, con su uniforme, tres policías más y un pibe.
Abro. La mujer policía me pregunta si hace alrededor de una hora pude ver un choque en la esquina de mi casa. O sea ahí nomás, porque vivo en el vértice mismo. Le digo que no vi nada. Me pregunta si estoy seguro. Le digo que sí, sobre todo porque he visto -o escuchado- otros accidentes.
La policía se acerca un poco, baja la voz y me dice: "¿Está seguro? Porque acá tenemos un muchacho que está denunciando que un patrullero de la policía fue el que chocó su bicicleta. Y necesitamos un testigo".
Entonces de golpe se me representa lo que vi por el rabillo del ojo en una fracción de segundo y no le presté la más mínima atención: el paso de un patrullero de la policía.
"Sí, vi un patrullero pasar por la ventana", le digo. No sé si era un auto o una camioneta. Se llama mirada periférica. Lo registré sin registrarlo, y esa visión fugaz regresó con la mención del patrullero. El pibe le sigue explicando a los otros policías como fue embestido. Después la mujer policía me pregunta si tengo cámaras, le digo que no, pero que tal vez el vecino de enfrente disponga de ellas.
De golpe la historia se cierra: el patrullero chocó al pibe de la bici que fue y lo denunció. Como no le creyeron del todo, fueron por la evidencia: un testigo. Me piden el nombre, el teléfono. El pibe seguramente tiene razón por una secuencia lógica: si el patrullero chocó a la bici y eso pasó hace exactamente una hora, cuando lo vi de refilón, el evento existió.
Pero algo no le cierra a la mujer policía, como no le podría cerrar a nadie que no se dedique a leer. Digo: a leer y perderse en la lectura, a leer en estado de total abstracción como si en ese momento no hubiera nada más ni nadie más en el universo.
-Perdone -me dice-, pero, ¿cómo es posible que no haya escuchado el choque a tres metros de su ventana?
Le digo que eso fue así porque estaba leyendo, con la mente completamente inmersa en el libro, y que en medio del tsunami acústico infernal de la vida actual, la lectura sigue siendo una de las formas de apagar los ruidos del mundo.
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