ÚLTIMO MOMENTO

La mano oculta

Eran 18 padres y uno dijo que no. La votación fue secreta. Resulta entendible tanto reparo. Hay que levantar la mano para decirle que no a un chico con síndrome de Down. Y lo peor es la doble moral: decir que no pero escondido.

Y aún hoy, tres o cuatro días después de que ese brazo se irguió y la mano se abrió y luego se movió, lenta, a izquierda y derecha, en la ineludible señal del rechazo, del no gestual, esa mano, aún, permanece en la sombra.

Una mano sin nombre. O mejor: sin nombre visible.

Por lo tanto no es sólo una mano. Es la mano que dijo que no durante la votación de los padres de los pilotos que corren para el campeonato AKTS y también las otras diecisiete manos que, aunque dijeron que sí, aunque no objetaron ni pusieron reparos a que el joven Lucas Tomasi tomara parte de la carrera, permanecen aún en silencio.

¿Qué deberían decir de romper, con un manotazo sobre la mesa, lo que medio mundo se pregunta? Obviamente, el nombre del padre que dijo que no. El nombre, el apellido, es decir su mismísima identidad.

Porque, ¿a qué tanto misterio? ¿Por qué se lo encubre?

Esa mano que se levantó para decir que no, impidió que Lucas, pese a tener la licencia aprobada para correr oficialmente y que contaba con todos los avales médicos, pudiera subirse a pilotar. Como tiene algunos años más para la categoría Escuela, la posibilidad de poder competir quedó en manos, reglamentariamente, de los padres de los otros pilotos. Curioso reglamento, por otra parte. Entonces no sirvió de mucho todos los logros y reconocimientos logrados desde que en abril de 2025 Lucas se subió a un karting por primera vez. La distinción del Concejo Deliberante, el reconocimiento al mérito deportivo, el aprendizaje arriba de un karting corriendo en tierra y asfalto, todo eso se cerró cuando le tocó la chance, que era aún inédita, de correr en Tandil.

El brazo del único padre que se opuso entre los diecisiete, la mano que se levantó atravesando el aire, tan plena de certezas, tan sin ninguna duda, tan implacable en su objeción, esa mano o mejor las huellas dactilares de esos dedos es lo que le falta a la noticia, lo que la deja notoriamente incompleta.

Si ese brazo y esa mano de ese padre tuviera lo que se llama autoridad moral y un poquito de dignidad y coraje para salir del blindaje del secretismo, si a esa mano que tiró la piedra le pudiéramos poner un nombre al menos sabríamos cómo se llama el padre de un chico que es piloto de karting, que vino al mundo, a salvo a salvo de las peripecias y de los infortunios. Ese chico que está a salvo de todo menos de algo no menor: le tocó tener como padre a alguien que en el camino de la vida perdió el alma, que así se le dice a quien es un desalmado.

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