ÚLTIMO MOMENTO
Ya hacía unas semanas que el Pirado (conocido personaje local que de un día para otro demenció, estadio más o menos ubicable entre los años 2020/2023) venía incurriendo en ciertos hechos desmesurados, pero todos con un patrón en común: usar al prójimo. El pirado estaba algo pirado, es cierto, pero siempre en su propio beneficio.
La gente lo veía llegar y se presagiaba lo peor. Sin embargo en algunos lugares todavía el Pirado conservaba el poder de la sorpresa. Eso ocurrió en una muy céntrica y popular farmacia.
El Pirado entró y pidió si le permitían usar el baño. No era cliente pero en el farmacéutico primó la cordialidad de las buenas costumbres. Le enseñó el camino al baño y se olvidó de él. Pasaron quince minutos y el Pirado no volvía.
El farmacéutico tuvo la sospecha de que algo raro estaba ocurriendo. Dejó el mostrador y salió para el fondo, hasta que golpe lo encontró al Pirado en el estrecho pasillo que separaba al baño del salón de ventas. Venía caminando envuelto en una toalla, mojado, como si hubiera tenido que salir de la ducha frente a una contrariedad inesperada.
Pálido, estupefacto, el farmacéutico escuchó que el Pirado le decía: "¿Podrías alcanzarme el shampú y el acondicionador?".
El farmacéutico volvió al local como un zombi, sin saber ni qué decir ni qué hacer. Como no había abrevado en los cuentos de Edgar Alan Poe desconocía la sentencia de que cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camiseta de fuerza.
Su instinto le dijo que debía sacarlo a patadas del lugar, pero su razón le sugirió que a los pirados no se los contradice, así que actuó en esa dirección: le acercó el shampú y el acondicionador.
Eso sí: al otro día colgó el cartel anunciando que el baño era de uso exclusivo de los clientes, aunque el pirado no apareció nunca más.
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