Historias desde el Bar El Ideal VOLVER
-¿Vos te acordás del finado Malaespina?
Eso me pregunta un lector al que de oídas, en el bar, le han contado las aventuras del Peligro Malaespina, que fue un personaje de mi primer libro de cuentos. Era también cliente del bar hace unos treinta a cuarenta años.
Lo recordé en estos días por otro episodio. En Buenos Aires sigue en cartel la obra "La ratonera", un clásico de Agatha Christie. Se estrenó en Theatre Royal de Nottingham, Inglaterra, en 1952 y desde entonces nunca paró, con lo cual logró un récord asombroso: es la obra de mayor permanencia mundial en la historia del teatro. El Teatro Liceo, una suerte de Colón en miniatura, renueva en cada función el éxito de la obra. Es tan bueno el libro que mantiene a los espectadores hasta el último minuto sin saber quién es el asesino, una argucia que lleva la marca registrada del talento de Agatha Christie. Recién en el último suspiro la verdad se le revela al público.
Cuando la obra concluye y el elenco de lujo que la interpreta es aplaudido de pie, una de sus protagonistas, la actriz Betiana Blum, toma la palabra y dice al público: "¿Saben por qué esta obra es la más longeva en la historia del teatro? Porque entre ustedes y nosotros hacemos un pacto: jamás contamos fuera del teatro quién es el asesino". El público vuelve a aplaudir y celebra ese código ancestral de la ficción: respetar hasta la última molécula la suspensión de la incredulidad que ocurre durante la obra pero, sobre todo, también después.
Todo esto viene a cuento porque el lector que se acercó a mi mesa, al invocar la figura del Peligro Malaespina, trajo también el eco lamentable de sus demonios. En las últimas décadas del siglo pasado, Malaespina se convirtió en uno de los personajes más temidos por el mundo artístico y el vecindario en general. Su goce era arruinar ese momento sublime donde los artistas se juegan la vida en el escenario.
Cierta vez estuvo a punto de ser linchado por una pequeña muchedumbre en el cine Teatro Colonial (era el Cervantes pero con otro nombre) cuando precisamente a la salida de una película policial y con todo el público haciendo la fila para entrar al continuado, gritó que el asesino era el mayordomo.
Del Ideal lo sacó carpiendo el Tío Caliyuri, que tenía muy pocas pulgas y menos con los parroquianos afectos a las bromas pesadas. Otro día, con más espacio, contaré esa historia.
El gran enigma de "La ratonera" habría durado un suspiro si el Peligro Malaespina hubiera estado en la butaca del Theatre Royal de Nottingham aquella noche del 6 de octubre de 1952 en Londres.
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