ÚLTIMO MOMENTO
Uno dice Juan Dufornet y no dice nada. Pero si a ese nombre que se ha subsumido en la niebla de la historia lo llamáramos como todos los llamaban en su tiempo, todo -incluso él y su extrañísimo presagio- cobraría sentido.
Juan Dufornet era Pandereta. Brevísimo rasgo biográfico para los nuevos migrantes que siguen llegando a estas costas de piedra y hormigón, producto del estado de gracia que vive la ciudad desde el 2000 para acá. Pandereta tocaba en la Banda de Música de Cerro Leones formada a instancias del canterista Cima (gracias por el dato a José Oliverio Dacosta). Nació a fines del siglo XIX y por lo que se sabe murió joven, exactamente en 1912, a una edad que podemos estimar entre los treinta y cuarenta años.
En la Banda de Música tocaba el bombo. Entendemos que el apodo que lo proyectó a una modesta posteridad debería aplicarse a sus inicios como músico y a la elección de la pandereta como su primer instrumento. La IA (¿cómo no creerle a nuestra nueva diosa sagrada?) dice que el nombre pandereta deriva del pandero (un aro con una membrana o parche estirado). Dice también que existen evidencias arqueológicas (grabados, cerámicas y bajorrelieves) de instrumentos de este tipo en la Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Fenicia y la antigua India, datados más de $2000 años a.C. Llegó a la Europa medieval a través de la influencia árabe y Las Cruzadas. A la Argentina la trajeron los españoles y los italianos a fines del siglo XIX y principios del XX.
Pero el apellido Dufornet es francés, con lo cual no podemos establecer ninguna conexión, sesgo o rasgo que conecte a Pandereta con la elección de la pandereta como un mito de origen respecto a la tierra de sus ancestros.
Lo sugestivo de toda esta historia, como la mayoría lo sabe, es qué pasó por la cabeza de Pandereta la mañana en que empezó a decir a quien quisiera escucharlo que él se iba a morir el día que cayera la Piedra Movediza. Esta especie de videncia fúnebre (que el anecdotario de la vida cotidiana en los diarios de la época no registra, al menos hasta donde se sabe), le deparó las típicas tres acciones del que anuncia un presunto disparate: 1) la risa, se lo tomó en modo de chiste; 2) La sospecha de que de un día para otro había entrado en la penumbra ciega de la demencia; y 3) La mera indiferencia.
Está claro que nada hubiera pasado -y mucho menos la escritura de esta crónica- si no fuera porque Pandereta, en efecto, murió aquel 29 de febrero de 1912, no se sabe si antes o después de la caída de la Piedra Movediza. Un cómico, hace años, dijo que el fenómeno se produjo porque Dufornet vivía debajo de ese milagro geológico de 600 toneladas, es decir que replicó lo que algunos creyeron que era un chiste con otro chiste. Pero el asunto es un tanto más incognoscible: qué le pasó realmente a Juan Dufornet, que tocaba el bombo en la Banda de Música que dirigía el maestro Emilio Rolfo, como bien lo podemos apreciar en la fotografía que ilustra esta nota, tomada en la esquina de Pinto e Yrigoyen. De dónde le vino esa súbita y trágica inspiración para anunciar lo que serían dos efemérides en una, es decir la caía de la Piedra con su propia muerte.
Si hay algo más o menos probable, dicho esto después de escribir una biografía sobre la Piedra Movediza (libro que lleva dos ediciones), es que Pandereta pertenecía a la logia de los "Locos por la Piedra". Y todo lo que pasó con Juan Dufornet aquel 29 de febrero, día de su muerte, sigue hundido en el más inescrutable de los misterios.
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